Comenzamos sabiendo que queríamos trabajar con la intervención de cinta, a la manera artesanal (cuadro por cuadro), en este caso contábamos con mucho material en 8mm, que en su gran mayoría son paisajes. Escribimos un par de palabras, conformando una frase, pero notamos que a más cantidad de palabras, más se destruida la cinta, al igual que cuando la pintamos, que en un punto ya no se llegaba visualizar lo que en verdad se está proyectando; entonces planteamos la idea, de usar otras técnicas para intervenir la cinta, seguir experimentando, y basarnos en Bill Morrison, o por lo menos llegar a ese punto, donde ya no quede casi nada de la filmación original.
Se podría decir, en términos vagos, que podríamos hablar de la construcción para la destrucción (o viceversa la destrucción para construir), el paso del tiempo, lo efímero.
Un video clip de una banda uruguaya llamada "el cuarteto de nos", no la conozco mucho, pero me acorde de haber visto el video clip alguna vez, y usa una de estas técnicas que venimos revisando, no estoy segura si es kinetic typography únicamente o si tiene algo de grafica o animación. Que lo disfruten.
Es una versión del corto de Pixar "Day and Night", la persona que asistio al cine a ver Toy Story 3 lo debe reconocer; por qué versión, por el simple hecho que no está completa, ya que la única que encontre entera estaba desfasado el audio, y sin el audio no tiene chiste.
Era una casa baja, con balcones a los lados, puerta en el medio y terraza arriba. La cerradura debía de estar rota, porque una cadena con candado sujetaba las dos hojas de la puerta. El italiano sacó del bolsillo una llave de un gran tamaño y abrió. Por un zaguán oscuro, de piso de mosaicos, llegamos a un cuarto interior. No podía creer lo que estaba viendo. El cuarto era idéntico al que imagine cuando era chico. Cerca de uno de sus ángulos había una escalera de caracol, de hierro, pintada de marrón y descolorida, con su guarda de agujeritos, a modo de puntilla, debajo del pasamanos, por ahí se iba a la terraza. Preguntó el italiano:
-¿qué me cuenta señor? El limite del universo, tal cual usted lo soñó.
-Con la diferencia…
Me interrumpió para explicar:
-De los cuatro ángulos de este cuarto, el que está junto a la escalera mira al sur.
-Un detalle que no prueba nada.
-Tal vez. Pero hágame el favor de mirarlo.
-Está bien –dije, y me coloqué frente al ángulo-. ¿Ahora qué hago?
-Sepa, nomás, que está viviendo un momento solemne.
Casi le digo: “Y viendo una telaraña”. Espesa, polvorienta, cubría el ángulo, a una cuarta del piso. Comprendí que Brescia hubiera interpretado mi observación como una burla y procuré discutir en serio.
-Que el cuarto se parece al que imaginé, la pura verdad, pero que estoy viendo el límite del mundo…
-Del mundo no, mi estimado amigo.
-Ya me parecía –dije.
Brescia continuó:
-Del universo, del universo. La caja grande, con el juego completo. La totalidad de sistemas solares, de astros y de estrellas.
-Con la salvedad –insistí- que del otro lado siguen los cuartos y las casas.
-Haga el favor de molestarse a la azotea.
(…) La escalera llevaba a una garita muy angosta de madera reseca, pintada de gris. Abrimos la puerta, salimos a la terraza. Era de baldosas coloradas rodeada por lo que parecía una franja blanca: (…) Había tres terrazas más. Dos en frente, una a la derecha. Todas eran idénticas y estaban rodeadas de idénticas franjas blancas.
(…) En cada terraza había una (garita), de modo que las cuatro rodeaban el ángulo que miraba al sur y que, según Brescia, era el vértice del universo. Como quien hace una concesión, comenté:
-Desde luego, este ángulo es el vértice de las cuatro terrazas.
-¿Está queriendo decir que sólo es eso? –preguntó, y me urgió en seguida: -Hágame el favor de bajar por cualquiera de las otras escaleras.
(…) Muy nervioso, en puntas de pie, tratando de no meter ruido y de ver si en la penumbra había alguien, bajé por la escalera que venía a quedar justo en frente del ángulo que miraba al sur. Me encontré en un cuarto idéntico al de un rato antes, con una particularidad que me extraño: como si el cuarto se hubiera dado vuelta mientras yo bajaba, el ángulo, que ahora estaba viendo el lado opuesto, miraba como el del otro cuarto, hacia el sur. Había un detalle más increíble todavía: cerca del piso, un telaraña igual.(…) Creo que por unos minutos perdí la cabeza y corrí escaleras arriba, a lo mejor con el propósito de sorprender el fraude. Me introduje en una garita, estruendosamente bajé por otra escalera y de nuevo me encontre en el mismo cuarto, con el mismo ángulo mirando al sur, con la misma telaraña cerca del piso. De nuevo corrí hacia arriba y bajé por la escalera que me faltaba. Encontré todo igual, incluso la telaraña.(..)
Leyendo lo que puso mi compañero Facundo Patricio, que creo que lo dijo todo, desde las miles de complicaciones que pudieron surgir y que las llevamos muy bien, que por cierto quiero agradecerle por su buena predisposición, hasta los conflictos internos del grupo, de no ponernos de acuerdo, hasta entendernos en algún punto para poder hacer algo que nos conforme a los dos, y desde mi perspectiva creo que lo logramos, y muy bien, mejor de lo que pensaba en realidad.
Pero estoy de acuerdo con Patricio en la parte que capaz debimos pulirlo mas o hacerlo de mejor manera, pero estas cosas suceden y más cuando la presión de llegar con todo y la desesperación que te bloquea y no deja pensar, desde mi criterio, llegamos a lo que pudimos llegar y que ese punto de llegada es totalmente satisfactorio.
Gracias a Juancito, que a pesar de ser un niño entendió y colaboro en todo, a Gastón, también por su buena predisposición y apoyo, a los papás de Juancito (Mariana y Miguel) que estuvieron presentes siempre, dispuestos ante cualquier ayuda, y agradecer también a la gente del cementerio que sin darse cuenta nos ayudaron.
Pensando en lo que Dafne nos comento el Jueves sobre aclarar el clima que le queremos dar, y viendo que teníamos muchas formas de contar la situación ya que también tenemos muchos elementos interesantes sobre qué trabajar, llegamos a una conclusión de usar y componer todo ese sitio en lo que este mismo provoca, en lo “tétrico”, pero involucrándolo a lo que venimos trabajando como rutinario.
Buscando en el diccionario encontramos:
- adj. Triste, grave, melancólica.
- que es oscuro y hace pensar en la muerte.
- que provoca sensación de tristeza o depresión.
No va a ser una situación de película de terror, tiramos más a lo dramático en tanto clima, no en situación, es decir, no es una situación dramática, donde el padre se muere y su hijo lo llora, sino que es un nene inocente, incrédulo, sin entendimiento formal/serio ni cuestionamiento sobre la vida y la muerte, caminando por ese cementerio lleno de tristezas, donde hay una espesa bruma de simbologías y convenciones sociales sobre la muerte, como si fuera su casa, conviviendo con todo ese espacio “tétrico” (melancólico, triste, sombrío, lúgubre, nebuloso). En este momento es donde se podría justificar la imagen de la foto del niño difunto, gracias a nuestra conciencia nos damos cuenta de qué significa y cuál es el peso de esa imagen que observamos, pero el personaje de este niño no ve más que una foto de otro niño sin cuestionarse más de eso, ya que su mundo solo lo limita a saber que ese es el trabajo de su padre.